LAS MUERTES QUE NOS OCULTAN

    Balcones  barceloneses  decorados                Primer confinamiento Marzo 2020

EL HORROR LO HEMOS CONVERTIDO EN COTIDIANIDAD

En el primer confinamiento el gobierno que nos desgobierna quiso "proteger a sus conciudadanos  de todo sufrimiento"  No vio otra manera de protegernos   que ordenar a los medios que ocultaran las fotos del sufrimiento desesperado de miles de personas que perdieron a sus familiares,  a los que prohibieron  acompañarles  en sus últimos momentos. Ni una sola foto del horror,  ni una sola imagen del holocausto que acabó con la vida de la mejor generación del pasado siglo. Casi 20.000 ancianos fueron condenados a la pena de muerte. Ellos solos se tragaron el secreto de lo que realmente ocurrió en sus residencias, secreto que no pudieron compartir con nadie, ni siquiera con su familia más cercana, un secreto que les acompañó  hasta su tumba. 

Lo que ocurrió realmente en esas residencias y en sus habitaciones cerradas a cal y canto para impedirles por la fuerza que no  salieran ni siquiera al pasillo o al comedor, será el secreto mejor guardado de un gobierno que nos quiere "proteger de todo sufrimiento"

Las imágenes de los ataúdes conteniendo sus cuerpos, que permanecieron días y semanas amontonados en la morgue improvisada  del Palacio de hielo en Madrid, duraron en Google apenas 24 horas. Quise incorporarlas a un articulo que tenía a medio terminar y  habían desaparecido. Por el contrario ningún canal de TV escatimó las imágenes de las fosas comunes que EEUU,  Argentina  y otros países cavaron para enterrar a sus muertos.


Fosa común en Argentina 







Al  secretismo que ha rodeado  esta guerra biológica, se unen  las medidas coercitivas impuestas por el Gobierno  y la restricción de derechos y libertades que estamos viviendo. La sobreinformación a la que estamos expuestos las 24 horas del día,  donde lo importante no aparece,  o si aparece queda camuflado entre el popurri de lo intrascendente, es lo que llaman la censura de la democracia. Eso lo saben de sobra los profesionales de la información, que la practican a raja tabla desde que el Gobierno los engrasó con subvenciones millonarias.

Lo curioso y grotesco fue que  personas jóvenes y no tan jóvenes,  pusieron el grito en las redes sociales cuando  salió  la  foto de un ataúd  a lo lejos que  se escapó en un canal  de TV.  Estas personas tan puritanas y "sensibles" encontraban de mal gusto que la tele expusiera  imágenes tan  crudas y elocuentes de la tragedia del coronavirus. Veían demasiado injusto asumir un sufrimiento que no les correspondía. 

Sucede que algunos padres también son reacios a que sus hijos vean imágenes tristes. "Los padres no soportan ver tristes a sus hijos porque les recuerda su propia infelicidad" Esta reflexión de la psicoterapeuta Philippa Perry, ha sorprendido a muchos padres super protectores que se empeñan en tener a sus hijos  dentro de urna de cristal para que nada les afecte. 

Esta lucha paranoide de algunos padres, donde no hay termino medio, sino una neurosis para que nada ni nadie  ofenda o ataque  la "sensibilidad" de sus hijos, es cada vez más frecuente. Se dan casos de padres que van al colegio de sus hijos a reprender al profesor por haberse atrevido a suspender a su hijo y darle un "disgusto"  Creo que el compromiso de conocer la verdad,  no tiene la obligación de ser una verdad emocionalmente agradable con ningún grupo o persona en particular y menos en una democracia donde se supone debería haber libertad de expresión.  Adam Smith afirmó que "independientemente de lo egoísta que sea un ser humano , su naturaleza contiene principios que lo hacen preocuparse por la fortuna de otros", lo que significa que compadecerse de los demás no perjudica a ningún ser humano.

Al igual que el sistema inmunológico necesita ser expuesto a agentes patógenos para fortalecerse, nuestra psique necesita pasar por ciertos niveles de strés y malos momentos, es decir exponernos  a ideas o verdades que nos afectan emocionalmente  para evitar fragilizarnos psicologicamente,  o  incapacitarnos para enfrentar desafíos en la vida adulta.

Recapitulando; en el primer confinamiento vivimos  una pandemia de horror, lágrimas y  sufrimiento  disfrazada por la tele de feria en balcones, aplausos, canciones, jolgorio y bailes del personal sanitario en los hospitales, no se alejaba mucho de parecerse a la verbena de San Juan  en Barcelona.

Si los avestruces de este país quieren ver una parodia del dolor ajeno, una obra cómica sacada de un drama real, entonces sigamos con el engaño. Sigamos  permitiendo a la prensa y a la TV que nos distraigan con canciones y panderetas en esta segunda ola también.  Pero si es a ti al que encierran en una habitación hasta que mueras, si eres tu al que prohíben ser  trasladado a un hospital, si te dejan morir en soledad, o ponen tu ataúd en un almacén, o en un campo de futbol, perdona que te lo diga clarito,  te lo mereces. 

La policía llama la atención a jóvenes en la playa 
 Ahora entiendo  que la gente fuera a bailes      abarrotados,  a botellones y a las playas  una vez acabó el primer confinamiento. Si  los telediarios  siguen  ocultando  los muertos que se entierran, el dolor de sus familias, y el testimonio de los propios enfermos sobre los efectos de este virus,  no esperemos que la gente tome conciencia de la enfermedad  cuando acabe esta segunda ola,  y se comporte de manera distinta a la vez anterior. Para ellos todo lo que pase a patir de ahora seguirá siendo un cuadro abstracto de "numeros, porcentajes y estadísticas" en la historia verbenera de música y balcones  que ven  en la TV.

" Lo que no se muestra no existe", eso lo saben los profesionales de la información, de modo que me hago una pregunta:  ¿ Pretende el gobierno con esta omertá, que  pasado un tiempo de este genocidio pensemos que lo que no vimos   nunca ocurrió ?

Somos espectadores de un mundo con grandes contrastes. No entiendo a una sociedad que, según estudios, una gran parte de ella  disfruta viendo pornografia infantil. Una sociedad que ha convertido el amor en el sucedaneo del Poliamor.  Que le da por comprar coches glamurosos  de segunda mano y los tunee con el dinero del trabajo de sus padres para obtener la  admiración de los demás y liks en las redes.  Que no le importa bordarse la piel de arriba abajo con tatuajes esperpénticos, sabiendo que eso puede impedirle trabajar  en una buena empresa que los prohíbe.  Que  los sneakers pasen su vida comprando zapatillas  de marca y ropa carísima que luego  tiran a los dos días.  Esa obsesión del  cuerpo perfecto como algo imperecedero, sin que sean capaces de mirar  de frente a un anciano porque está lleno de arrugas. Que se esté olvidando tan pronto a los ancianos sentenciados a muerte por un gobierno que  necesitaba reducir su Deuda Soberana y cuadrar sus balances. 

Nos contempla una sociedad  débil y falseada que no presenta ninguna alternativa, salvo  estar atrapados en ellos mismos. Una sociedad que le da miedo sufrir  "el impacto emocional de la verdad" pero que está  al borde de despeñarse porque les asusta mirar el abismo a donde han tirado a nuestros  ancianos.

Luisa Vicente

 

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