METAMORFOSIS DE BARCELONA

                                 

                                                    LA REPRODUCCIÓN DE PATRONES POLÍTICOS


Años 60, el Somorrostro, humilde barrio barcelonés de mediados del siglo XX. Enclavado en el Paseo Marítimo  en apenas un Km. de la  playa,  15.000 almas malvivían en 2.499 barracas.

Semienterrados en arena y residuos líquidos que las fabricas vertían al mar, se preguntaban cuando acabaría aquel horror. 
Por fin en 1966 se derribó el último núcleo de barracas. En junio 2011 se coloca una placa conmemorativa en el Pº Maritím de la Barceloneta para recordar que hace 5 lustros, este lugar plagado hoy de pisos turísticos y narcopisos inmersos en  una ociosa atmósfera, fue el inframundo de 15.000 almas.

La concesión de los Juegos Olímpicos’92 supuso una gran transformación que aportó nueva identidad Corporativa a la ciudad. Se mejoraron infraestructuras, transportes, y muchos edificios se rehabilitaron. Se construyeron las Rondas, el nuevo Aeropuerto, el anillo de Montjuitc, la Villa Olímpica y el puerto Olímpico como el futuro barrio marítimo.

La seguridad de los Juegos Olímpicos fue un despliegue policial sin precedentes para mantener el orden, prevenir actos terroristas, y la delincuencia común. El entendimiento entre el Gobierno Central, la Generalitat, el Ayuntament y la sociedad civil, hizo que se confiara en líderes visionarios que apostaron por crear una ciudad moderna y con futuro. A partir de aquel momento  “Barcelona” empezó a oírse en muchos países del mundo.

27 años después, 2019, Barcelona sufre un déficit reputacional de seguridad, agravado con otros problemas añadidos de gran calado. Mirando atrás valoramos la gestión de un eficiente equipo de personas, que con Juan Maragall al frente como Alcalde, y Juan Antonio Samaranch, como Presidente del Comité Olímpico, supieron manejar los imprevistos del mayor acontecimiento de su historia. 



La unión de criterios permitió el control urbanístico de la metrópolis, la organización, y el respeto por la ciudad sin sacrificar por ello el ocio y la diversión. Sobre todo se supo proteger  la seguridad en un acontecimiento complejo de gran envergadura.

Hoy la falta de un liderazgo político dificulta llegar a acuerdos entre sus representantes institucionales y entre los grupos representativos del Ayuntament y la Generalitat. Esta parálisis política y administrativa obliga a parchear problemas a golpe de improvisación, no siempre con mucho acierto, inseguridad, hiperinflación en el precio del alquiler, tasas universitarias por las nubes, recortes en sanidad, dependientes desprotegidos, precariedad laboral, bolsas de pobreza, prostitución, tráfico de personas, comercio de sustancias sin control etc.

Tras varios años del Procés, se puede comprobar que las revoluciones no cambian los países, porque quienes organizan las revoluciones se limitan a arrebatar las riendas a los que las tenían antes que ellos y a  recrear un sistema  represivo parecido.



El destino de un país no está determinado por su lengua, su legado cultural, o por su situación geográfica, está determinado por la honestidad de sus dirigentes, por la transparencia de sus instituciones y por un sistema político plural y abierto para nuevos candidatos a los que el electorado pueda votar libremente, sin coacciones, ni chantajes emocionales interesados.

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