EL MITO DE BARCELONA SE DESVANECE. Relato

 EL MITO DE BARCELONA SE DESVANECE


El Raval, zona cero del derrumbe del mito Barcelona
Hambre en el Raval.

El mito de Barcelona se desvanece como la niebla en el amanecer de una pandemia.

El hambre muestra sus tripas en todos tus rincones.
Colas quilométricas de seres esperan una comida caliente, una barra de pan, unos paquetes de pasta, algo de fruta y unos cartones de leche para pasar la semana.

Vergüenza de tu desvergüenza por esconder bajo la alfombra la pobreza de tus barrios que tantas veces se denunciaba.

Pertrechada en mentiras, afloras desnuda con un resplandor áspero y opaco. Negro azabache es hoy tu color.

Líderes engominados que crearon centenares de embajadas, han negado trasladar a sus ancianos al hospital, proteger a sus médicos y cuidar a sus enfermos. Hoy tu nombre, Barcelona, está manchado de sangre.
Tu atrezzo se ha desplomado en tu lujoso escenario de luces y cortinajes sujetos con alfileres.
Ninguna ciudad se vendió al mundo como te vendiste tú, Barcelona. El oro que mostrabas como astuto mercader, resultó ser oxidada hojalata.
Te exhibías en oropoles, te ofrecias por un puñado de monedas y favores políticos. Te vendíste al mejor postor. Dejaron de llamarte por tu apellido y quedó solo tu nombre.

Hoy emerges de la más honda pobreza como pocas ciudades en el mundo. Tu desnuda falsedad se muestra ante mis ojos.
Ha caído el mito. Solo queda tu esqueleto, simple garabato de tu hueca opulencia.
Muéstrate desde hoy más cercana, más humilde con quien vino a visitarte, con quien laboró tus tierras, con quien construyó tus plazas, y restauró tus desgastados edificios, con quien dió frescura a tus fuentes. Somos los de antes, somos los de siempre. Somos los que desean ver una ciudad renovada y sin disfraces.

Levàntate Barcelona, pon tu vestido al revés. No te dejes engañar nunca màs. No creas las falsas promesas de mercaderes que solo buscan su provecho.
Ruiseñores en tierra extraña

Sigue siendo nuestra ciudad, no la que ellos quieren. Juntos pasearemos como antes. Descalzos dibujaremos tus rincones y tus plazas bajo el cantar de los pájaros.

Al canto de un ruiseñor, siempre le sigue el de otros ruiseñores con mejores trinos.


Luisa Vicente

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